Entradas

Pichilo

 Pichilo Clap, clap, clap, como un quejido, el golpeteo de latas anunciaba el último giro del pistón. De inmediato, el viento cubrió con una nube de polvo blanco el parabrisas. Antonio oprimió el botón y la escobilla giró exprimiendo un chorrito de agua que formó una pátina barrosa sobre el vidrio. Bajó del auto y levantó resignado el capot, pero una ventolera de arena lo lanzó contra el parabrisas. Un hilo de vapor escapaba del radiador; giró la tapa y un chorro de agua hirviente saltó, escaldándole el brazo. Las ráfagas de polvo le incrustaban esquirlas de arena en el rostro, que se deslizaban luego sobre el torso transpirado.  ¿Dónde estoy? pensó. Recordó haber pasado una curva con un cartel, que no pudo leer por la polvareda. Retornó caminando siguiendo la huella de ripio. Sin color y ganado por el óxido y la tierra, apenas dejaba ver la inscripción. “Ri…Col..rado 150 km”. ¡Uf! exclamó. Volvió al auto; el sol le quemaba la piel y le hervía la traspiración. Eran exactamente...

CAPITULO 1: LA HUMANIDAD, ENTRE LA CONQUISTA DEL ESPACIO Y EL DESPEÑADERO

  LA HUMANIDAD, ENTRE LA CONQUISTA DEL ESPACIO Y EL DESPEÑADERO   Hace unos 7 a 10 millones de años, nuestros antepasados los homínidos se separaron de nuestro primo lejano, el orangután y, más tarde, de otros más cercanos, el gorila y el chimpancé; en ese transcurso evolucionaron hasta llegar a nuestra especie, el Homo sapiens, unos 300.000 años atrás. Sin los recursos tecnológicos que poseemos hoy; sin vehículos ni armas sofisticadas, impulsados quizás por cambios ambientales desfavorables, se lanzaron hace 50 o 60.000 años, a la búsqueda de una “tierra prometida” desafiando las adversidades del clima, los ambientes desconocidos, el hambre, las pestes y el frio, y afrontando la posibilidad cierta de su extinción. Apoyados por cambios claves, como el desarrollo del cerebro, el lenguaje, la posición erguida y la estructura de las manos, antepasados de los Homo sapiens , originalmente denominados cromañones, alcanzaron Europa desde África sorteando dificultades inmensas...

LA MORADA DEL GUALICHÚ

LA MORADA DEL GUALICHÚ La morada del Gualichú El comisario detuvo la camioneta en el bajo, señaló hacia el auto que se destacaba sobre la salina resplandeciente y exclamó: “¡ese debe ser  Sahin, el turco  perdido, vayan a ver y me avisan!” Los tres policías caminaron hacia donde indicaba el comisario. “¡Es el turco! ¡Está muerto!”, gritó uno de los policías. Recién entonces el comisario se acomodó el cinto bajo la panza y caminó hacia el finado. Allí, con la seguridad que hubiese maravillado a Sherlock Holmes, dijo: “Por cómo quedó el auto, el hombre venía del sur; debe hacer como 5 días que murió; se bajó para hacer pis y lo atacó un jabalí, o un puma. Después, los caranchos le comieron el hígado”, agregó, mientras espiaba la herida bajo la camisa. El turco Sahin andaba vendiendo ropa y baratijas por la Patagonia y fue cuando regresaba que tomó la ruta desierta que marcaría su final. El calor sofocante entrando por la ventanilla y el repiquetear monótono de las válvulas...